Tuviste la oportunidad de salvarme pero preferiste
derrumbarme, me dejaste allí tirado, donde mueren los sueños, donde vimos juntos
el amanecer, donde contemplé tu cuerpo
por primera vez.
Pudiste haberme llevado al paraíso, haber recorrido el mundo
de mi mano, ser la princesa de mi historia, pero preferiste ser “la chica” de un capítulo del libro de cualquier infeliz.
Habrías tenido la oportunidad de ser algo más que un polvo,
algo más que un cuerpo, algo más que un trozo de carne, pero decidiste que el
que te follaba a diario iba a ser el que iba a compartir el resto de tus días.
Hubieras sido la mujer de mis sueños, la sonrisa de mi cara, un paseo
al atardecer, una caricia a media noche, un “te quiero” al despertar, una
guerra de almohadas que terminara en besos eternos… Pero, te fue más fácil decir
adiós…